Palacios, Meli y Chávez brindan su testimonio al terminar el partido que consagró Campeón a Boca.
Imágenes de la transmisión original de la Televisión Pública
Palacios, Meli y Chávez brindan su testimonio al terminar el partido que consagró Campeón a Boca.
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El DT Arruabarrena, Erbes, Cubas, Pérez y Monzón brindan su testimonio al terminar el partido que consagró Campeón a Boca.
Imágenes de la transmisión original de la Televisión Pública
Díaz, Lodeiro, Peruzzi y Rolín brindan su testimonio al terminar el partido que consagró Campeón a Boca
Imágenes de la transmisión original de la Televisión Pública
Gago, Calleri y Orión dan su testimonio al terminar el partido que consagró Campeón a Boca.
Imágenes de la transmisión original de la Televisión Pública
Imágenes del programa Paso a Paso del Canal TyC Sports.
LA NACION LUNES 02 DE NOVIEMBRE DE 2015 Pablo Lisotto
La revancha íntima de un hombre bueno: Arruabarrena
No fue sencillo el camino del Vasco; reemplazó a Bianchi, un ídolo desgastado, y debió atravesar dos series internacionales perdidas con River; representa el triunfo de un hijo de la casa
Si la vida de Rodolfo Arruabarrena fuese una película, el filme culminaría con un primer plano del rostro del protagonista emocionado, con la medalla de campeón colgándole del cuello y rodeado de papelitos metalizados que bailan en el aire movidos por la brisa, sobre el césped de la Bombonera, tras la consagración. No fue sencillo el camino deportivo del entrenador del equipo de la Ribera. Debió reemplazar nada menos que a Carlos Bianchi, a fines de agosto de 2014, con todo lo que esa situación implicó desde lo simbólico. Sin haber sido la primera opción del presidente Daniel Angelici, quien quería en el banco a Guillermo Barros Schelotto.
Tras un aceptable cierre de año (el equipo culminó quinto, a 10 puntos del campeón Racing y bajo su conducción ganó 8 encuentros, igualó 4 y perdió 3), Arruabarrena se propuso hacer historia en 2015. Se encargó de planificar una buena pretemporada y de evitar contrataciones multitudinarias. Como buen ex defensor, consideró necesaria la incorporación de Marco Torsiglieri, pidió expresamente que se sumara el volante Pablo Pérez y finalmente aceptó al arribo de Daniel Osvaldo, aun sabiendo que el rockstar sería un foco constante de noticias extrafutbolísticas, verídicas o no.
El arranque fue demoledor: tras el tropiezo de la última fecha de 2014 con Gimnasia (0-2) encadenó 18 partidos oficiales sin derrotas: el desempate con Vélez para ingresar a la Libertadores, seis victorias en la etapa de grupos de la Copa, y ocho triunfos y tres empates por el torneo local. Además, se dio el gusto de aplastar a River por 5 a 0, en un amistoso de verano disputado en Mendoza. El rival de toda la vida le cortó la racha, cuando lo venció por 1 a 0 en el Monumental, por los octavos de final de la copa.
Tras la escandalosa eliminación ante el conjunto conducido por Marcelo Gallardo -que se sumó a la eliminación frente al mismo adversario de la Sudamericana anterior-, a Boca le costó dos encuentros reaccionar (0-3 con Aldosivi y 0-2 con Vélez), y eso también fue responsabilidad del entrenador y de su cuerpo técnico. El 4-0 ante Newell’s, en la última fecha antes del receso invernal, dejó atrás los fantasmas de una posible salida anticipada del DT.
«Es un técnico al que le gusta tener la pelota y atacar», describió alguna vez Diego Markic en relación con el estilo de Arruabarrena. «Soy vasco y terco», resumió el propio DT, en la última entrevista que tuvo con la nacion, en la que agregó: «Soy tranquilo. Muchas veces me cuestionan que no hablo durante el partido, pero se me cruzan los cables en donde corresponde. En la cancha trato de no gesticular mucho, porque cuando yo jugaba a mí me gustaba ver tranquilidad en el banco. He tenido a los mejores entrenadores: (César) Menotti, (Manuel) Pellegrini, (Carlos) Bianchi, (Marcelo) Bielsa y sería estúpido no haber aprendido nada de ellos».
Arruabarrena confió en los jóvenes y esa apuesta también le rindió sus frutos prácticamente desde un primer momento. Nombres como el de Sebastián Palacios (23 años), Rodrigo Bentancur (18) o Andrés Cubas (19), sin rodaje a comienzos de año, ya son habituales para el oído del hincha xeneize. Lo mismo ocurre, con menor presencia, con Juan Cruz Komar (19) o Jonathan Cristaldo (19).
Otro gran mérito del entrenador de Boca fue haber podido transmitirle su habitual perfil bajo al plantel, junto a su cuerpo técnico (Diego Markic como colaborador principal, Mauro Navas como ayudante de campo secundario, y los preparadores físicos Gustavo Roberti y Pablo Santella). Gracias a eso pudo resolver la histeria de un equipo que se sentía nervioso, tanto por el paso de los años sin vueltas olímpicas (cuatro, desde el Apertura 2011 y unos meses menos desde la Copa Argentina 2012) como por los constantes rumores de crisis dentro del vestuario, sumada al clima político previo a las elecciones en la entidad de la Ribera y en el país.
Para el Vasco este título también es una revancha personal, después de quedar dos veces en el umbral de una coronación como DT. La primera fue con Tigre, en el Apertura 2012, cuando peleó hasta la última fecha con Arsenal de Sarandí, finalmente campeón. La otra, mucho más difícil de digerir, se dio con Nacional de Montevideo, en un Apertura 2013 que tenía dominado y que tuvo un final infartante (llegó líder a la última fecha y perdió 2 a 1 como local ante Fénix, uno de los últimos de la tabla) en el que terminó consagrándose Danubio.
Además, con este título, Rodolfo Arruabarrena se mete en la historia grande de Boca. Ocurre que es el primero desde que comenzó el profesionalismo que hizo las divisiones inferiores en el club, luego fue campeón como futbolista (Apertura 98 y Clausura 99) y ahora lo logra como entrenador. El único caso similar es el de Alfredo Garasini, que también surgió de la cantera xeneize, sumó cuatro estrellas como jugador en la etapa amateur (1920, 1923, 1924 y 1926) y otras dos como DT (1943 y 1944). También es el primero que se corona como entrenador luego de hacerlo como futbolista desde que hace 34 años lo lograra Silvio Marzolini (1962, 1964, 1965, 1969 y 1970 en el campo, y en 1981 desde el banco).
Rodolfo Arruabarrena
«Como jugador yo quería quedar en la historia del club y ganar prestigio. Y como entrenador es lo mismo. Cumplí lo que siempre soñé», contó. La semilla está sembrada. Que florezca y dé cada día más frutos sólo depende de Boca.
«El equipo demostró carácter y dio la cara en los momentos difíciles. En situaciones complicadas defendieron la camiseta como hay que defenderla. Más adelante, pensaremos en la Libertadores, sabemos lo que significa»
«Este premio se consiguió luego de mucho trabajo, había que dejar las vanidades fuera de la Bombonera. Festejaremos todo lo que se pueda y luego pensaron en la final con Central»
Imágenes del programa Paso a Paso del Canal TyC Sports.
Imágenes de la transmisión original de la Televisión Pública
LA NACION LUNES 02 DE NOVIEMBRE DE 2015 Diego Morini
Fabián Monzón
«No importa si no encuentro la medalla [la perdió durante los festejos]. Lo que vale es que hice el gol y que salimos campeones. Tuve la suerte de convertir con esa jugada que fui a buscar. Me siento muy feliz»
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LA NACION LUNES 02 DE NOVIEMBRE DE 2015 Carlos Delfino
Carlos Tevez: el imán detrás del jugador del pueblo
El Apache regresó al club en el que es ídolo y dio la vuelta olímpica, la 22a de su cuenta personal y la 5a con esos colores; su función dentro y fuera de la cancha, y su discurso políticamente incorrecto
Nada de lo que involucra a Carlos Tevez pasa desapercibido. Dentro y fuera de la cancha, su figura es un imán y su carisma todo lo potencia. Su voracidad competitiva lo ha llevado a ser el ícono de la coronación de Boca luego de casi cuatro años sin festejos del equipo. En su vigesimosegunda vuelta olímpica personal porta los colores del club en el que puso los cimientos del ídolo que mutó en jugador del pueblo. No necesitó amarrarse a la cinta de capitán (la llevó ante Tigre, por la ausencia del Cata Díaz) ni jugar todo el certamen para ser el emblema de la consagración.
Su reencuentro con el mundo xeneize fue el que imaginó tener mientras creció acumulando más títulos con Corinthians, en Brasil; Manchester United y Manchester City, en Inglaterra (donde además salvó del descenso a West Ham con el gol del triunfo en el último partido), y Juventus, en Italia. Con la camiseta que debutó en el fútbol profesional el 21 de octubre de 2001, a los 17 años, levantó ayer la quinta copa en tonalidad azul y amarillo, una cosecha que incluye tres logros internacionales: Libertadores e Intercontinental de 2003 y Sudamericana de 2004. Por aquellos años también festejaba con la selección argentina, en el sudamericano Sub 20 de Uruguay, el Preolímpico de Chile y los Juegos Olímpicos de Atenas, con la chapa de goleador.
En los últimos doce meses, Tevez volvió a vestir ambas camisetas. Cuentas pendientes en un año particular, con elecciones en el club y en el país. Su llegada a Boca en julio fue la apuesta fuerte de Daniel Angelici, que irá por la reelección el mes próximo, y sus palabras sobre la precaria situación social en Formosa, en vísperas de un partido de la Copa Argentina, retumbaron en plena campaña política nacional. Sin guión, con el sentimiento de quien conoce los contrastes del lujo y la pobreza. Criado por sus tíos maternos Segundo Raimundo Tevez y Adriana Noemí Martínez en el barrio Ejército de los Andes, el popular Fuerte Apache, en Ciudadela, el 10 no olvida sus orígenes. Le sonó familiar lo que observaba desde la ventana de un hotel internacional. Se expresó y desde el kirchnerismo se sintieron ofendidos. Lo tildaron de «villerito europerizado» , pero recibió el apoyo de la gente, incluso con banderas en la cancha. Tiene voz y voto.
En pareja con Vanesa Mansilla, la madre de sus hijos Florencia, Katia y Lito Junior, Carlos Alberto Martínez Tevez es la cara de la gloria futbolera por estas horas, aunque tenga la nariz magullada luego del codazo de Víctor Cáceres en Paraguay, en la segunda fecha de las eliminatorias. No volvió a Boca por pedido de la familia. Nunca los expuso. Carlitos sintió que era el momento y no dudó en sumarse a la aventura del torneo local -en el que Boca estaba bien encaminado-, tras jugar la Copa América que Argentina perdió con Chile del otro lado de la cordillera, sin participar de los dos últimos partidos. A los 31 años, estaba listo para disfrutar de ese universo que de chico lo había abrumado. Con espalda para jugar de Tevez, ya sea en el equipo liderado por el Vasco Arruabarrena, con el que no llegó a compartir plantel como jugador, o en el de Gerardo Martino, hasta discrepando con el DT sobre su funcionalidad, como punta o retrasado.
Con el recuerdo del penal fallado ante Uruguay en la Copa América de 2011 en nuestro país, ese tipo de ejecuciones volvió a tener un condimento en sus pies esta temporada. Los fallados, como ante Defensa y Justicia o Crucero del Norte jugando para Boca, y también los convertidos, especialmente el que le permitió a la Argentina pasar a las semifinales del torneo continental, ante Colombia, tras igualar 0-0. Son datos estadísticos. Más ruido hizo su cruce con Ezequiel Ham, quien terminó con fractura de tibia y peroné en una jugada desafortunada. Se disculpó con el chico de Argentinos Juniors, lo visitó en la clínica que fue operado y recibió el perdón que necesitaba escuchar. La jugada encendió la mecha sobre si una sanción de oficio a Tevez tomaba cuerpo de ejemplar. La situación cobró mayor repercusión por estar involucrado el Apache y, claro está, por el desenlace, diferente de otras acciones similares que no terminaron con huesos rotos.
Extrovertido, ocurrente, crítico, agradecido y sin un discurso políticamente correcto, su fama le allanó algunos caminos para darse gustos. Desde ser caddie de Andrés Romero en 2012, en un torneo de golf en Inglaterra, hasta convertirse en un Piola Vago más subiéndose al escenario con el grupo de cumbia conformado por amigos de aquellos tiempos en los que aún se lo conocía como Carlos Martínez y vestía la camiseta de All Boys en las inferiores. Una época en la que cada peso que entraba a su casa valía oro y en la que no se animaba a soñar con lo que llegaría: el reconocimiento, el dinero, la gloria y el amor del pueblo futbolero, fundamentalmente el de Boca, el club al que regresó luego de 11 años para que más fuerte que los dolores lumbares que lo pusieron en duda en algunas fechas suene su grito de campeón.
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participaciones directas tuvo Tevez en los 33 goles que anotó Boca sumando las anotaciones en el torneo local y la Copa Argentina.
Imágenes del programa Sportia ( edición nocturna ) del Canal TyC Sports
Imágenes del programa Central Fox del Canal FOX Sports
Imágenes del programa Sports Center del Canal ESPN
Imágenes del programa Paso a Paso del Canal TyC Sports.
LA NACION LUNES 02 DE NOVIEMBRE DE 2015 Diego Morini
Una aventura exitosa que tuvo capítulos traumáticos
El título no borra una temporada de vaivenes, que incluyeron grandes victorias y derrotas inesperadas, siempre con la imagen de Riquelme dando vueltas; Arruabarrena superó las críticas y el plantel relativizó las supuestas fisuras internas
«Falta lo más difícil, que es cerrar el campeonato». Las palabras de Carlos Tevez tras la goleada por 3-0 sobre Banfield resultan la mejor forma de explicar qué sucedió con este Boca que se consagró campeón después de desandar el camino más largo y agotador que podía imaginarse. Las obligaciones lógicas para este equipo se multiplicaron y todo resultó más denso, porque no sólo las estadísticas de los largos años sin títulos lo pusieron contra las cuerdas, sino que un contexto político muy espeso lo acosó con fuerza. La apuesta económica de casi 10.000.000 de dólares para tratar de ganar todo lo que estuviese en su camino, en especial la Copa Libertadores, más la contratación del excéntrico Daniel Osvaldo, la herida por la eliminación a manos de River de la Copa Sudamericana y el retorno del Apache generaron un caldo espeso que tuvo que tratarse con sumo cuidado.
Un abanico de sensaciones se desplegó para el equipo xeneize. Esta aventura se emprendió conociendo que este plantel estaba bajo una lupa. Los referentes (Orion, Gago y Cata Díaz) no habían podido respaldar la última experiencia de Carlos Bianchi. Además, siempre lucharon con el aura de Juan Román Riquelme. Pero se fueron sacando las presiones entre el silencio y las miradas desconfiadas.
Un golpazo de verano
La temporada comenzó con mucha controversia, porque la derrota con Racing por 4-1 en el verano desató una ola de cuestionamientos y empujó a los dirigentes a cerrar negociaciones interminables para reforzar el plantel: Sara, Torsiglieri, Rolín, Pérez, Peruzzi y Monzón. Esa derrota ante la Academia resultó el escenario ideal para que Riquelme definitivamente plantase su oposición. «No me veo como DT. Arranco una nueva vida y lo que elija no me dará las alegrías que me dio el fútbol, eso seguro. Pero soy una persona que quiere aprender. Quizá me anime a intentar ser presidente del club algún día. Un presidente tiene que hacer las cosas bien. Yo amo el club. Si tengo la suerte de aprender y me siento preparado, lo voy a hacer», había advertido.
El Vasco no podía fallar
En el comienzo de la competencia tuvo que imponer condiciones Arruabarrena, porque no podía fallar: siempre supo de la inestabilidad en el cargo. Además, porque también le sumaron a Osvaldo, que le aportaba jerarquía al plantel, pero también ponía en alerta al mundo Boca, que estaba ardiendo por encontrar un escándalo. En apenas un chasquido de dedos, sucedió. Una supuesta fiesta en el hotel Madero, donde se concentra el plantel, sacudió la estantería. El mejor remedio para tanto ruido fue el silencio del grupo y el tono apagado del Vasco.
Si bien se mantenía en la lucha por el torneo local, la obsesión por la Copa Libertadores ocupó el centro de la escena. Y eso también tuvo sus costos. El contrato por cuatro meses a cambio de 480.000 dólares por el rockstar Osvaldo pesaban una tonelada. Sin embargo, esto le servía políticamente a la figura de Angelici que prometía la vuelta de Carlos Tevez.
El efecto gas pimienta
Todo marchaba perfecto, porque en el campeonato la lucha con San Lorenzo y Central se mantenía firme y en el certamen continental todos ponían a Boca en la cúspide. Había terminado primero en la clasificación general y con un altísimo promedio de gol: invicto, con 19 goles a favor y apenas dos en contra. Duró poco la alegría, porque en los octavos de final el superclásico con River lo lastimó demasiado. El efecto gas pimienta y el Panadero Napolitano aturdieron a todos. En el orden político, Daniel Angelici quedó expuesto porque los dirigentes de River «volaron» para quedarse con el cruce de la Copa. Se duplicó la furia y Angelici anunció la renuncia a la vicepresidente en AFA. Fueron días en los que se desfiguró el semblante xeneize: «Yo planteé [durante la audiencia de apelación en Conmebol por el famoso gas pimienta] que separen lo disciplinario de lo deportivo, porque íbamos a dejar un caso testigo, porque va a haber muchos equipos que van a ir a buscar los puntos en el escritorio», dijo Angelici. Unos días después terminó por explotar y disparó para todos lados: «Mi renuncia es indeclinable. En los nueve meses de transición desde que murió Julio Grondona no cambió nada. Las cosas que pasan se repiten y acá privan los intereses personales, por lo que están ganando los violentos. Pido disculpas por lo que sucedió en el partido con River. Es un papelón mundial y el fútbol está de luto. La semana pasada se nos murió un jugador [Emanuel Ortega, de San Martín de Burzaco], y el jueves pasó esto [por el escándalo en la Bombonera]».
Los daños colaterales también alcanzaron la pelota: en la 13» fecha, Boca perdió el primer partido en el torneo, ante Aldosivi (3-0) y en la Bombonera. Y había más; la fecha siguiente volvió a caer ante Vélez (2-0) y en Liniers. Hervía.
No fue gratis la salida de la Copa y a mano de River. Se puso en duda el temple del plantel y mucho más la pericia de los dirigentes para resolver situaciones. Era imposible quitarse ese peso: dos meses después, en la despedida de Sebastián Battaglia, que se realizó en la Bombonera, los hinchas bajaron más presión. Ese día representó las vueltas de Riquelme y de Carlos Bianchi a la Boca. Todo un acontecimiento. Con el característico «que de la mano de Carlos Bianchi todos la vuelta vamos a dar» y el habitual «Riqueeelme, Riqueeeelme» se sentó una postura y bajó un mensaje claro. No había más crédito. Los insultos para Daniel Angelici se amplificaron. Era momento de profundizar el cambio.
Un golpe de timón
Era necesario otro golpe de efecto y 10 días después, unos 50.000 hinchas coparon la cancha de la entidad de la Ribera para celebrar la vuelta del Apache. No había más espacio para el error. El título local y la Copa Argentina eran las últimas cartas para el plantel, el cuerpo técnico y los dirigentes. Todo estaba en manos de Tevez, que desde el primer día comenzó a sacudir el tablero. «El presi [por Angelici] ha hecho mucho para hacer este sueño realidad. Ahora hay que convencerlo de que se quede. Él me trajo y quiero que se quede con nosotros», fueron las palabras de su primera conferencia de prensa.
La revolución fue absoluta. Tevez cambió a Boca; le dieron la llave del club. Marcó el terreno: se modificaron las dietas, se cortó y se mojó el césped de la Bombonera y del Complejo Pedro Pompilio para hacer un juego más veloz, se intensificaron algunas tareas físicas y el plantel se acercó más a la gente. La consecuencia: se encadenaron victorias consecutivas. Pero había señales por atender porque Unión, en la cancha de Boca, daba el batacazo con un 4-3. Fue una semana de dudas, pero el grupo se recuperó y todos comenzaron a responder ante el talento del Apache.
De todos modos, nada fue fácil para este plantel. Una derrota con San Lorenzo en la Bombonera parecía que desbarataba todo y nuevamente la continuidad de Arruabarrena se ponía en duda. El clásico con River, en el Monumental, apareció como la última prueba para el ciclo del Vasco y el equipo respaldó con carácter el proceso. Era el segundo clásico por el torneo local que ganaba Boca. Un estímulo necesario, si se recuerda que fue eliminados en las dos competencias internacionales frente a su clásico adversario.
Todo parecía nuevamente acomodarse en el universo xeneize; sin embargo, el primer gran impacto para Tevez llegó cuando nadie lo esperaba. En la 25a fecha, en la Paternal, una acción desmedida del número 10 xeneize fracturó a Ezequiel Ham, el juvenil de Argentinos Juniors. Los golpes llegaron desde todos los sectores y hasta el entrenador, Néstor Gorosito, sugirió que Tevez tuvo mala intención en la acción que lesionó a Ham. Fue la primera vez que el Apache sintió la presión del entorno. Pero el revuelo fue para todo Boca al reverdecer la vieja polémica de marzo pasado, cuando Agustín Orion, ante San Martín de San Juan, salió desbocado a cortar un ataque de Carlos Bueno y terminó fracturando al delantero uruguayo.
Tuvo que reponerse una vez más el equipo y pulverizó las dudas cuando goleó a Banfield por 3-0. Se encaminaba al título y la gran chance apareció en Avellaneda con Racing. Una victoria le daba el título, porque San Lorenzo había trastabillado. Pero como nada resultó simple en este camino azul y amarillo, la Academia le dio un directo al mentón: lo venció por 3-1 y ahogó el festejo. Las consecuencias de la caída se advirtieron en las palabras de Tevez: «Me voy caliente. De una vez por todas tenemos que crecer y no jugar estos partidos así. No podemos quedarnos con nueve hombres en un partido como éste [echaron a Cata Díaz y a Erbes]. Es fundamental quedarnos los 11 en la cancha y luchar. Te pueden superar, de hecho nos superaron, pero hay que mejorar esas cosas y crecer de una vez por todas».
El mensaje interno
Fue todo un mensaje; nadie se atrevió a decir nada. Circuló una versión en la que se aseguraba que Tevez tenía diferencias con Orion; sin embargo, ellos se encargaron de desmentirlo con un abrazo tras vencer a Lanús por 2-0 previamente a la final de Copa Argentina, que disputará pasado mañana ante Rosario Central. Era necesario cambiar la energía y todos se concentraron en vivir una semana sin dejarse ganar por la histeria. «Vamos salir campeones la semana que viene en nuestra casa», había dicho Orion tras perder con Racing. Era momento de terminar con tanto sufrimiento. Y Boca no falló. Salud, campeón.
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En preparación
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Reservado
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